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Buscamos a que asirnos, incluso sin darnos cuenta, pues vivimos en medio de un vendaval que atormenta, con desesperanzas deambulantes y máscaras de lobos que se compran y se venden en cualquier esquina; esas máscaras tenebrosas que cada uno adquiere para cubrir su propio rostro y su propio ser, para ocultar el miedo y un sinfín de desconfianzas.
La vida, oportunidad magnifica, se escapa con las desilusiones que martilla el vecino, el maestro o cualquiera de la turba que en retahíla proclama una sinrazón aceptada por todos: no saben vivir, nunca lo supieron y tal vez no lo sabrán jamás; saben del poder y del sometimiento inspirados siempre por guardarse cualquier cosa que brille en los bolsillos o en buche; cualquier tipo de avaricia sirve de distracción o de justificación para mantener un orgasmo sin son no ton. La llamada de la montaña está allí y conmueve a los animales puros, quizá hace falta una convocatoria como esta, para decirles que no están solos, que se puede hacer una sociedad diferente y decirles, también, a esos seres rastreros que gobiernan, envidian o se someten ladina y lambisconamente que nos ubicamos al lado contrario de su acera y los señalamos ahora y cuando su propio veneno los abata.
Fermín H. Sandoval ferminhomero@hotmail.com
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Enviado el Wednesday, 25 February a las 12:54:41 por Ricardo
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