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| Varios: El azar de Nelson Villacís |
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 Nelson Villacis mantiene su esfuerzo para convocar y congregar la parte de humanidad que no se deja someter a la carrera del almacenamiento; carrera que suele consolar las existencias baladíes de algunos hombres y mujeres. La llamada constante de Villacis no se pasma ni se arredra al recibir una respuesta negativa sino que ante el chasco él inventa y propone formas nuevas de comunicación.
El sarcasmo restriega la verdad a cualquiera después de un tiempo de cometida la cerrazón, con la frase “te lo dije” u otra parecida, que resuenan o martillan como un gato encerrado y ansioso o un perro que siente la presencia de su amo. El mensaje de Nelson Villacís está cargado de esa propiedad procedente de la reflexión, que hacen a sus declaraciones certeras, para recordarlas cuando se siente la amargura de los efectos causados por los actos de la propia estupidez.
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| Varios: Los enemigos internos de la democracia: demagogia, arribismo y oportunismo |
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  Al amanecer del segundo día de la independencia o quizá en la mismísima noche de consolidar la victoria sobre los realistas los “libertadores” mostraron sus rostros, pues ya no necesitaban las caretas, así se presentó Juan José Flores y con él otros, quienes tomaron las riendas del poder y procedieron a beneficiarse de la satrapía, que luego llamaron Ecuador; así, la utopía de construir en las tierras colonizadas por los hispanos unos estados donde se promueva el bien para la mayoría quedaba en la mente de unos pocos, como de Pedro Moncayo, mientras los fautores del abuso proclamaban a diestra y siniestra la ‘’libertad”, la “independencia” o cosas semejantes, ese fue el estreno de la demagogia: ¡los amitos siguieron siendo los mismo!
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Buscamos a que asirnos, incluso sin darnos cuenta, pues vivimos en medio de un vendaval que atormenta, con desesperanzas deambulantes y máscaras de lobos que se compran y se venden en cualquier esquina; esas máscaras tenebrosas que cada uno adquiere para cubrir su propio rostro y su propio ser, para ocultar el miedo y un sinfín de desconfianzas.
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Escuchan como se oye llover o como las comadres que van a misa a dormirse en el sermón y a criticar a la vecindad al concluir la bendición, no sin antes golpearse el pecho, con entusiasmo casi lascivo, y declarar que tiene la culpa, una gran culpa que no atinan a aceptar. Pecado que no saben precisamente de que trata ni cual fue el agraviado.
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Un incendio sacude todo vagancia, pues tarde o temprano la tierra se convierte en erial y sequía, no hay más alternativa cuando el labrador queda dormido con las herramientas de almohada y las ilusiones se amontonan una tras otra sin tiempo ni humus; aquel labriego dormilón solo lleva buenos deseos que lo arrullan y únicamente se levanta cuando el apetito voraz le lleva a zamparse cualquier cosa.
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Los festejos del carnaval arrancan e enraízan en antiguas tradiciones, con toda seguridad, la referencia de estas celebraciones se encuentran en los bacanales, entrañables ritos dedicados a Baco, dios del vino, que congrega y convoca a la musas y sus delicias.
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Las acciones humanas pueden transcurrir como un torbellino, irracional y absurdo; en ese vórtice las palabras y los libros, semejante al paso desapercibido de los aromas o los sabores ante sentidos “insensibles”, tienden a desaparecer, aunque siempre se guarden en rescoldos dispuestos para que les encuentren un ser humano. Esos seres raros evocados a plena luz del día por Diógenes con su lámpara de aceite encendida.
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| Varios: El reto actual de las artes y de los artistas |
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Admiré a Salvador Dalí, tal vez, persuadido por la difusión publicitaria que exhibía su figura, o hasta ahora lo postula, como paradigma del ingenio, del genio y de la genialidad, aunque la imagen, sinceramente, proyecte el rostro de un excéntrico o un esquizoide.
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